Ediciones Universidad de Salamanca / cc BY-NC-SA Ciencia Policial, 184, 139-194 184 CIENCIAPOLICIAL principio del siglo XIX en Gran Bretaña, la moderna Policía es rechazada, al identificarse al policía con el “espía” afrancesado de la policía política del ministro napoleónico José Fouché. La Policía, a esos efectos, es caracterizada como “afrancesada” y contraria a la idiosincrasia inglesa y obstáculo para las libertades ciudadanas. La percepción del público británico irá evolucionando a lo largo del siglo XIX hasta la I Guerra Mundial. Tras un inicial periodo de rechazo, se empezará a distinguir entre el policía de uniforme (bobbie) y el detective, vistiendo de paisano y dedicado a la investigación de crímenes. Los creadores de la Policía Metropolitana de Londres conceden inicialmente más importancia a la policía uniformada, como más capaz de transmitir la imagen de seguridad y consenso social que quieren representar en la Policía. Sin embargo, la intervención de policías uniformados en problemas de orden público socava en parte este prestigio. Por otro lado, los detectives ven incrementada su aceptación, también por el hecho de que son elegidos como los protagonistas de las novelas del género policiaco. A partir de 1948 hay un cambio significativo de la imagen pública policial en Gran Bretaña, con creciente interés por los policías reales y cómo desarrollan su trabajo. Ello es debido en parte a la ficción policial, debido al estreno de la película The Blue Lamp y al personaje del Police Constable George Dixon, que se constituye en un modelo paradigmático del policía que viste uniforme (bobbie). Hasta ese momento la Policía ha sido aceptada con un cierto desdén y ocasionalmente ridiculizada, cuando no criticada por sus intervenciones que implicaran uso de la fuerza, sobre todo en orden público. Pero ahora, casi dos siglos después de su creación, la Policía es vista desde una óptica diferente, pasando a tener protagonismo en medios de comunicación y en la ficción cinematográfica y televisiva. Este protagonismo no es bien recibido de forma generalizada por las fuerzas de policía, que critican el sensacionalismo en las informaciones y los guiones, que proyectan una imagen de falsedad, creando expectativas en el público que los policías reales no pueden conseguir. Por otro lado, las informaciones sobre corrupción o malos usos policiales crean una velada sensación de
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