Ediciones Universidad de Salamanca / cc BY-NC-SA Ciencia Policial, 184, 139-194 173 La imagen de la policía en la prensa, la literatura y el cine: análisis de su evolución en el modelo anglosajón Olmo Fernández, I. D.; Briones Peñalver, A. J.; Fernández Cañavate, F. J. Guerrillas or the warfare on the border42 en el que presentaba a los outlaws como continuadores de la lucha en nombre del derrotado Sur. En ese momento los outlaws ganaban claramente la partida a los agentes especiales del Gobierno. En ese ambiente de desorden social generalizado emerge la figura de Allan Pinkerton. Nos situamos en las décadas de 1870 y 1880 en los Estados Unidos. El país seguía traumatizado por las secuelas de la Guerra Civil, por el magnicidio de Lincoln y el miedo a un posible levantamiento en el Sur. Pasarán casi treinta años hasta que se cree el FBI en 1909. No existía una organización nacional de seguridad como tal, por lo que Pinkerton convierte a su agencia de detectives en lo más parecido a una policía estatal. Recordemos además el miedo que existía en el Norte entre sus banqueros y sus capitalistas a los terroristas y bandidos confederados. A los problemas en el Sur vinieron a sumarse los generados por las nacientes clases obreras en los suburbios industriales, en las siderurgias y en las minas de carbón. Estados Unidos estaba en expansión y demandaba ávidamente cantidades crecientes de materias primas, singularmente carbón y acero para el ferrocarril, que sostenía la expansión hacia el Oeste. Pinkerton sabrá canalizar ese estado de ánimo en su favor, proponiendo sus particulares soluciones con notoria inverecundia: crear un chivo expiatorio sobre el que proyectar los “miedos respetables”. Pinkerton llega a Estados Unidos como un emigrante escocés y se alinea con el poder político y económico. Durante la guerra de Secesión hace el trabajo sucio para el ejército de la Unión, actuando como espía y agente provocador. Al terminar la guerra persigue forajidos a sueldo de los banqueros y del ferrocarril, como la banda James-Younger, llegando a provocar la muerte de uno de los hermanos James y la amputación del brazo de la 42. Edwards (1877).
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