Ciencia Policial 184 (2025)

Ediciones Universidad de Salamanca / cc BY-NC-SA Ciencia Policial, 184, 139-194 159 La imagen de la policía en la prensa, la literatura y el cine: análisis de su evolución en el modelo anglosajón Olmo Fernández, I. D.; Briones Peñalver, A. J.; Fernández Cañavate, F. J. el periódico The Mirror y del 3 % al 9 % en The Times (Reiner, 2003 p. 328). Otra razón para representar a los policías de una forma favorable reside en las demandas del público por lo que considera “buenas historias”, aquellas en las que se resuelve un crimen y se rebaja la tensión del drama planteado, en la que los espectadores se ponen o bien del lado de la víctima o de la policía (Reiner, 2003 p. 325). Volveremos sobre el efecto que provoca el detective de ficción en los espectadores, un “héroe civilizador”, según la denominación de Mircea Eliade23. También por las presiones que soportan los medios para no emitir producciones en las que se refleje una imagen positiva del crimen y los criminales. El mejor ejemplo es el Código Hays (1934), promulgado en Hollywood, por el que se impartían instrucciones a los directores y guionistas de películas sobre cómo representar a los gánsteres y cómo debían terminar las películas que protagonizaban24.Volveremos más adelante a referirnos al Código Hays. En cualquier caso, en la ficción televisiva y cinematográfica, la Policía ocupa un papel marginal hasta el final de los años 40 del siglo XX, hasta entonces como hemos visto se la presenta como cómica y ridícula o como corrupta, opuesta a la figura del detective. La película de 1948 The Blue Lamp cambia el interés del espectador, como ya se ha reflejado más arriba. Reiner (2003, pp. 327-329) hace un recorrido por las representaciones de la Policía en cine y televisión. Concluye que la Policía es representada de forma más positiva durante el periodo 1948 a 1963, pasando a una imagen más negativa entre 1964 a 1979. Entre 1980 y 1991 hay una ligera mejora en la imagen policial, tanto en su comportamiento ético como en su eficiencia. 23. Eliade (1985, p. 59). 24. Uno de los ejemplos fue la película de Stanley Kubrick The Killing (1956) (en España Atraco Perfecto), en la que se obligó al director a cambiar el final para que los autores del atraco no pudieran escapar con el botín.

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