Ediciones Universidad de Salamanca / cc BY-NC-SA Ciencia Policial, 184, 115-137 134 CIENCIAPOLICIAL directores generales, gobernadores civiles, etc.), sino también en los policías que ocuparon altos cargos en la Policía, así como en las publicaciones de sus integrantes; un capital intelectual policial que hay que aflorar. También en los distintos proyectos del modelo de la seguridad pública, centrados en la vía civilista y militarista, impulsados por los actores de las diversas tendencias políticas, así como las discusiones planteadas en sede parlamentaria. Conectado con este aspecto, hay que seguir profundizando en el proceso de codificación y la relación directa que llegó al modelo de la Policía española, procedente de los modelos francés revolucionario e inglés liberal parlamentario, y en la línea del estatuto jurídico público de la Policía. Desde el segundo tercio del siglo XIX, claramente iniciado en el periodo 1827-1833, se detecta una ligazón, un camino de no retorno, entre los derechos de los ciudadanos, la primitiva prevención policial y la función de la Policía como institución del nuevo Estado liberal. Una línea débil, quebrada en ciertos momentos convulsos, muy condicionada por el militarismo imperante. Esta ligazón permitió sustentar la vía civilista en la Policía española, iniciada en 1824, por los actores políticos y líderes nacionales que apostaron por su permanencia y continuidad, con sus respectivos modelos de la seguridad pública, terminando por aumentar y amparar su especialización en distintas áreas; como fue el caso de la lucha contra el anarquismo y sus atentados durante el último tercio del siglo XIX y primer tercio del siglo XX (conocido como terrorismo), o en el desarrollo de un programa fuerte de especialización en Policía Científica, muy presente en la formación de la Policía española durante el periodo de 1908 a 1936. En la segunda mitad del siglo XIX, se constata que no todo fue militarismo en la vertiente de la seguridad pública en España, porque a partir de 1852, bajo el periodo moderado, se mantuvo la vía civilista, representada en el Cuerpo de Vigilancia, una línea que se iría fortaleciendo en el último tercio del siglo XIX durante la Restauración, y que penetró en el siglo XX, alcanzando una altísima especialización en todos los campos de la actividad policial, que no dejó de potenciarse hasta 1936, transitando por el reinado de Alfonso XIII, la dictadura de Primo de Rivera y la II República.
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