Es
un objeto que se utilizó para sustraer bombillas del alumbrado
público en Madrid en la década de los 50.
Dispone
de un mango de un metro de longitud, con una pinza en uno de sus extremos
que abre y cierra sus garfios mediante un dispositivo de tracción
y anilla en el extremo opuesto.
Todo un
ingenio artesanal que permitía alargar el brazo del usuario para
llegar a las alturas en que se hallaban la bombillas del alumbrado público
y obtenerlas sin riesgo de quemaduras. Un negocio discreto y original
y provechoso, teniendo en cuenta la uasencia de competencia en el sector
y el sustancioso precio de las bombillas.
El delincuente
que utilizaba este instrumento era un individuo no violento, que probablemente
practicaba otras modalidades de hurtos menores, que sustraía
con mesura (unas bombillas cada noche e incluso podía descansar
un par de dias o una semana).
Recorría
a pie las calles de Madrid, ocultando bajo una vieja gabardina su herramienta
de trabajo y llevaba una mochila de tela colgada al hombro para guardar
los frutos de su actividad nocturna.
Un discreto
personaje que trabajaba en solitario, preferiblemente en la noches frías
y nubladas, iniciando sus actividades a partir de la medianoche resolviendo
sus tareas en un par de horas.